INTEGRANTES: Rubén, Marcos, Julio, Neus, Carlos y Oscar.
Para cualquier alpinista catalán, uno de sus objetivos más deseados es ascender
a la Pica d’Estats, debido a que es la montaña más alta de Cataluña y, probablemente,
también la más dura. Sus caminos se convierten los fines de semana estivales en
auténticas procesiones de excursionistas con una única idea: llegar a la cima
de Cataluña.
Nuestra excursión empezó un sábado 21 de julio del 2001. Eran las 9 de la mañana
cuando salíamos de Barcelona en dirección al Pallars. Una vez llegados a áreu, el
último pueblo antes de perder de vista la "civilización", comimos y cogimos fuerzas
para lo que se nos venía encima.
La excursión propiamente dicha empezó en el aparcamiento del Pla de Boet (1.860 m).
Eran las 5 de la tarde y el Sol calentaba con fuerza. Nos cargamos las mochilas en la
espalda y comenzamos a caminar. Enseguida nos dimos cuenta de que con el peso que
llevábamos nos sería muy difícil llegar al segundo lago (Estany d’Estats) y, por
este motivo, decidimos tirar el agua de una botella al lado del refugio de Vallferrera
(1.940 m). A partir de este punto, el camino se inclina con fuerza y ganamos rápidamente
altura (2.080 m). Después hay un rato en el que se rodea la montaña y el camino se vuelve
más o menos plano. Era un buen trozo para observar y disfrutar del paisaje que nos
rodeaba. Al cabo de un rato, y después de una suave subida, llegamos al Pla de la
Canalbona (2.140 m). Era una buena oportunidad para hacer una parada -una más- y poder
descargarnos las mochilas. ¡¡¡Cómo pesaban!!!
El camino volvía a enfilarse y cada vez se hacía más dura la marcha. Queríamos llegar
al primer lago (ya habíamos desistido de la idea de acampar en el segundo) y parecía que
cada vez estuviera más lejos. Finalmente, después de una colina, apareció el Estany
de Sotllo (2.370 m) y buscamos un lugar para instalar las tiendas. Habían sido 3,30
h de "caminata", pero ya habíamos llegado.
Cenamos mientras la noche iba cayendo y nos pusimos a dormir. Mañana sería otro día...
El siguiente día (22 de julio) nos levantamos a las 6,30 h y hacía mucho frío, cosa
que daba mucha pereza. Salimos a las 7,15 h bien abrigados en dirección a la Pica, pero
con la incertidumbre de si podríamos llegar debido a la gran cantidad de nieve que ya se
observaba en la vertiente sur. Media hora más tarde llegamos al Estany d’Estats (2.460 m)
y, de repente, el paisaje cambió: el camino que precedía a la tartera estaba cubierto de
nieve y, además a estas horas, estaba bastante dura. Comenzamos a pisarla a la vez que
nos íbamos acercando al principio del tarteroso camino que nos lleva hasta el Port de
Sotllo (2.890 m). Es un trayecto de unos 400 m de desnivel, que se hace en una hora y
resulta muy duro, debido a que en muchos casos la pendiente llega a los 45º. Además,
había zonas bastante heladas que a mí, personalmente, me provocaban cierto respeto.
A las 9,15 h llegamos al collado, situado entre los picos de Sotllo (3.090 m) y
Verdaguer (3.130 m). Este punto conforma la frontera entre Cataluña y Francia, que
sigue toda la carena. Cuando observamos la otra vertiente descubrimos un paisaje
impresionante: la nieve lo cubría todo. Las nevadas del jueves pasado habían dado
un color al valle francés más propio del mes de enero que del verano. En un primer
momento pensé que lo mejor era no continuar adelante pero el resto, excepto Neus
que pensaba como yo, querían proseguir.
El camino, por llamarlo de alguna forma, que continúa por la vertiente francesa
empieza con un descenso de unos 100-150 m, que permite rodear el macizo de la Pica
por la cara norte. Cuando bajamos lo que era necesario y llegamos a una zona en donde
había rocas tuvimos una baja en la "expedición": la Neus no quería continuar debido
a la gran cantidad de nieve que había. Intentamos convencerla pero resultó imposible
(eran las 10 h). La verdad es que el camino que habíamos de atravesar para llegar al
otro lado del valle impresionaba bastante.
Fue la parte más complicada de la subida. Había momentos en que la nieve estaba
bastante dura y el riesgo de resbalar estaba muy presente, al menos en mi subconsciente.
Julio, mi padre, iba abriendo paso y Rubén iba detrás suyo. Marcos y yo éramos
los que peor lo pasábamos. Carlos cerraba el grupo e iba haciendo fotografías.
Cuando llegamos al otro lado pude respirar: lo peor ya había pasado!!! A partir de aquí
la nieve no era tan dura y se podía caminar con más seguridad. Habíamos bajado a los
2.750 m aproximadamente y, ahora, lo que quedaba de la ascensión era una subida constante
hasta la cima (10,30 h).
Continuamos la marcha sobre la nieve en la que cada vez nos hundíamos más. Enseguida,
llegamos al lugar en donde, justo un año antes, me había quedado en mi primer intento
de llegar a la cima. Aquella vez lo habíamos hecho en un solo día y, en este punto, ya
llevábamos 5,30 h de camino. Mis piernas ya no podían más y decidí parar y guardar
fuerzas para la vuelta, que era muy larga. Rubén y Marcos, presentes en esta
"aventura", sí que llegaron a arriba. Y este año la querían hacer por segunda vez.
Una vez volví a llegar a ese lugar sabía que esta vez no podía fallar. ¡¡¡Tenía que
llegar como fuera!!! Nos faltaba sólo 1 hora y habría estado demasiado esfuerzo para
nada.
A las 11,25 h llegamos al Coll de Riufred (2.990 m), después de haber subido por
una tartera que estaba totalmente cubierta de nieve. Resultaba muy pesado avanzar
ya que había lugares en los que nos hundíamos hasta la rodilla.
A partir de aquí sólo faltaba la subida final por una pequeña tartera y, finalmente,
la grimpada a la cima. Los primeros en llegar fueron Rubén y Julio (como pasa
siempre), después Carlos y Marcos y el último, para no faltar a la tradición,
fui yo, pero no me importaba porque había llegado.
¡Estabamos en la cima de Cataluña! Todo el país estaba por debajo nuestro y podíamos
ver todas las montañas de la zona desde arriba (11,45 h). Se veía un paisaje impresionante
en el que destacaba el glaciar del Aneto. Después llegaron las fotografías de rigor con
la cruz y comimos algo para coger fuerzas para la vuelta. Con lo que faltaba todavía...
La vuelta fue muy divertida. La nieve nos permitía dejarnos ir y en 45 minutos
llegamos donde estaba Neus, que debía estar un poco aburrida (lo decía por experiencia).
Después volvimos a subir al Port de Sotllo (13,00 h) y comenzamos a descender por la
tartera. Carlos sufría en las bajadas porque unas semanas antes se había hecho daño
en la rodilla bajando el Carlit y aún no se había recuperado.
A las 14,30 h llegamos al lugar en donde estaban las tiendas, las desmontamos y
comimos. Cuando ya lo habíamos hecho todo emprendimos el camino de vuelta (16,00 h).
Marcos y yo salimos primero y, un cuarto de hora después, lo hicieron Rubén,
Carlos (que continuó sufriendo durante toda la bajada), Neus y Julio.
A las 18,00 h llegamos los primeros y, unos tres cuartos de hora después, el segundo
grupo. Compramos unos refrescos en el refugio de Vallferrera y continuamos la marcha
hasta el coche. A las 19,15 h emprendíamos el camino de retorno hacia Barcelona.
El fin de semana había sido perfecto: ¡Objetivo cumplido!
Oscar Martín